
Desde que se aprobaron en Estados Unidos las nuevas regulaciones CAFE (Promedio
Corporativo de Economía en el Combustible por sus siglas en inglés), los fabricantes americanos no han hecho más que llevarse las manos a la cabeza pensando en cómo van a conseguir alcanzar las nuevas exigencias impuestas desde la Casa Blanca.
Chrysler, de entrada, ha dicho que tendrá que olvidarse de los motores HEMI, Ford ya ha demostrado su creciente interés en los motores tubo de inyección directa, y ahora, GM, está replanteándose cambios de importancia en su catálogo. El problema es que para 2020 las flotas de Estados Unidos deberán tener unos consumos promedio de 6,7 L/100 km, y los ingenieros de GM no tienen ni idea de cómo podrá encarar el desafío. Como resultado, el desarrollo del Corvette C7 ha sido paralizado mientras se evalúan posibilidades como cambiar el motor al centro del chasis, o dar más importancia a la cuestión del peso.
Suceda lo que suceda, si las modificaciones redundan en un C7 más ágil y atlético, todo será para bien. Incluso si es menos potente de lo que se espera.
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